Perfiles - Juan Sebastián González

Perfiles - Juan Sebastián González

En Diantres creemos que cada persona que crea con sus manos y su mente guarda un universo que merece ser contado. Por eso nace Perfiles, un espacio en el que retratamos a artistas y amigos de la casa para conocer sus procesos, sus búsquedas y la manera en que la creatividad atraviesa sus vidas.

En esta ocasión conversamos con Sebastián González, fundador y director creativo de Folk, un estudio de diseño y comunicación visual con base en Bogotá que cumple diez años de recorrido. Desde su experiencia, Sebastián reflexiona sobre el oficio creativo, el valor del encuentro y la forma en que la cultura atraviesa su manera de diseñar.

 

¿Qué es lo que más disfrutas de lo que haces?

Creo que todos hemos romantizado mucho la idea de elegir una carrera creativa. Pensamos que la vamos a disfrutar todo el tiempo, y la verdad es que no es así. Yo empecé a disfrutar realmente el diseño después de ponerle orden a la casa. Los primeros años fueron pesados: buscar clientes, trasnochar, regalar prácticamente el trabajo. Siento que ahí la pasé mal.

Con el tiempo, cuando uno llega a un punto de mínima estabilidad y madurez, los procesos empiezan a disfrutarse de otra manera. Hoy, lo que más disfruto es compartir con la gente. Yo no creo en la idea de que el teletrabajo se va a comer la presencialidad. Para mí no hay creatividad cuando no hay encuentros, cuando no hay relaciones, cuando no hay parche.

Durante los primeros cinco años de Folk trabajé solo con Laura. Hoy no concibo un proyecto sin un equipo: un project manager, un productor audiovisual, alguien revisando estrategia. Lo más bonito de los procesos creativos en los que me involucro es eso: el encuentro, conocer personas, escuchar posturas distintas de la vida, pero de frente.

 

 

 

¿Cuál ha sido el momento clave que marcó tu camino profesional?

Folk lleva diez años, pero sin duda hubo un quiebre muy claro a los cinco. Los primeros años fueron difíciles, tocando puertas, buscando clientes y con una mirada muy inmadura sobre el valor del diseño. Y justo a los cinco años pasó algo que todavía parece mentira.

Un día le sonó el celular a Laura y contestó riéndose. Luego volvió a sonar y reaccionó igual. Cuando le pregunté qué pasaba, me dijo que la estaban llamando de Nike. Yo pensé que alguien nos estaba haciendo una broma. Cuando volvieron a llamar, contesté yo mismo y terminé haciendo tres voces distintas, haciéndome pasar hasta por secretaria, porque no lo podía creer.

Era real. Nike quería que hiciéramos el lanzamiento del Air Max 270. Ese momento fue una bisagra para el estudio. Durante cinco años nosotros habíamos sido los que tocábamos puertas; de repente, alguien grande veía nuestro portafolio, le gustaba lo que hacíamos y nos buscaba. A partir de ahí el estudio se empezó a mover distinto, se posicionó más y ya no era solo golpear puertas, sino también abrirlas.

 

¿Qué te inspira o te impulsa a seguir creando?

Últimamente estamos muy conectados con la cultura. Siento que al diseño y al branding siempre los han metido dentro del mercadeo y la publicidad, y aunque sí tienen relación, llevamos más o menos un año y medio tratando de darle una vuelta a Folk.

Queremos alejarnos un poco de lo corporativo y acercarnos más a la creación de comunidad, pero no desde esa idea superficial de hacer un evento, regalar trago y que después no pase nada. Para mí, crear comunidad es conquistar pequeños territorios culturales.

Hoy estamos trabajando en un café en Santiago de Chile, en unas salsas picantes en Brooklyn y en una marca de mobiliario en Suiza. Son ejemplos muy claros de cómo, desde una mirada muy local y muy colombiana, podemos conectar con personas, conocer audiencias y generar cultura. Eso es lo que más me mueve en este momento.

 

Si pudieras resumir lo que haces en una sola frase, ¿cuál sería?

Últimamente hablo mucho de amar a las personas. Amar a quienes llegan al estudio, entender que todos somos distintos y que los procesos no son iguales. Para mí, la creatividad tiene mucho que ver con el amor: amar el mundo, amarme a mí y amar a los otros.

También tiene que ver con bajarle al ego, a la competencia constante y a esas carreras en las que nos mete la publicidad, los premios y el reconocimiento. En Folk estamos intentando bajar el protagonismo y subirle a las relaciones, al equipo interno y a la conexión real. Creo que desde ahí es donde verdaderamente se puede crear cultura.


Descubre el universo de Sebastián a través de sus redes: @folk_estudio

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